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fuente: la tercera

Según datos de la Corporación Nacional Forestal (Conaf), desde julio del año pasado hasta la fecha se han registrado 2.670 incendios forestales en el país, siendo las más afectadas las regiones de Biobío y La Araucanía, con 829 y 538 siniestros en el período, respectivamente. Otro dato alarmante es la cantidad de superficie quemada, que totaliza 31.675 hectáreas y supera ampliamente el promedio de los últimos cinco años.

Esta realidad se enfrenta al complejo panorama hídrico del país. Este 2022 se cumplirán 14 años con déficit de precipitaciones y 2021 fue el año más seco y cálido del siglo, lo que redunda en la reducción de las fuentes de agua. De hecho, ya hay dos, el lago Peñuelas en la Región de Valparaíso y la laguna Aculeo en la Metropolitana que debido a la baja de sus caudales dejaron de ser utilizados para surtir las aeronaves de combate de Conaf.

En ese escenario, el agroclimatóloco de la Universidad de Talca, Patricio González, hace una reflexión sobre el futuro del recurso y su uso en la contención de los incendios forestales.

¿Cuál es la situación del país en términos de sequía?

Chile en este momento está en una crisis hídrica, porque tenemos 14 años de megasequía. El déficit de lluvia es del 70% entre Santiago y Valparaíso, 40% en Talca y en Valdivia llega incluso al 30%. Los cursos de agua también están presentando una baja bastante significativa, superior al 50%, e incluso en Valparaíso están con un 90% de déficit. A esto se suma que las temperaturas extremas, 34° o 35° han subido sustancialmente desde 2010 en adelante y las precipitaciones han ido disminuyendo. Entonces, el ecosistema forestal en Chile está altamente estresado hídricamente, por el hecho de que está, desde el punto de vista térmico, sobresaturado de sequedad. Esto hace que los bosques sean vulnerables a los incendios forestales de proporciones.

¿Cómo afectará la sequía al combate de los incendios forestales?

La falta del recurso que se tiene que utilizar para apagar los incendios ha ido creciendo con el tiempo. A eso se suma que también se necesita para el consumo humano; en el caso de Valparaíso, Santiago y regiones como O`Higgins, Maule, La Araucanía y Valdivia, se toma aguas de los cursos fluviales para transformarla en potable y otras son de agua subterránea. Pero llegará un momento en el que la curva de necesidades va a superar la de demanda que hay. Es decir, en algún punto yo creo que este año o el 2023 la disponibilidad de agua para frenar estos incendios va a entrar en crisis. El equilibrio ya está siendo bastante complicado, sobre todo en las regiones de Valparaíso, Santiago, O’Higgins y parte del Maule.

¿Sería beneficioso utilizar agua del mar? De esa forma no se gastaría la natural…

No sé si el agua de mar, estratégicamente, sea posible de obtener. Parece ser bastante difícil y peligroso de alguna manera para las aeronaves, además del traslado que deben hacer desde la costa hacia el interior. Hay incendios forestales que están a 40, 50 o 60 kilómetros y lo hace un poco inviable. En ese sentido, desde el punto de vista de la estrategia de combate, es mucho más complicado. También extraer el líquido desde un mar que tiene oleaje tengo entendido que es bastante complicado, así que vamos a tener que seguir utilizando agua de ríos y lagunas. Ahora, el problema para Chile es que tiene tres demandas fundamentales del agua: una es para los incendios forestales, otra es para la agricultura y la última, para consumo humano. Las tres están sumamente vulnerables, porque la curva pluviométrica (intensidad de precipitación en intervalos de tiempo) ha ido cayendo sustancialmente desde 2007 en adelante.

En ese contexto parece un despropósito usar agua de lagos para apagar incendios…

Hay muchas lagunas de agua dulce que son reservas para la población en caso de tener que utilizarla, pero también hay que pensar que un incendio forestal es altamente destructivo y expansivo, por las altas temperaturas ocasionadas por el cambio climático y también puede amenazar poblaciones. Entonces, la prioridad ante esto es apagarlos, contenerlos, para evitar no solo un daño ecológico, sino también proteger a casas o habitantes. Ahí está la prioridad humana para evitar mayores daños y eso no se puede impedir.

Habría que buscar alternativas, entonces…

En Chile y en los gobiernos que han pasado faltó planificación para hacer estrategias de adaptación y mitigación frente al cambio climático para distribuir bien el agua; eso faltó en los últimos 20 años. Si se hubiera hecho bien, quizás en este momento no estaríamos priorizando el agua para los incendios forestales, que es, obviamente, vital hacerlo, porque hay que detenerlos por su riesgo, pero faltó una planificación gubernamental al inicio de la sequía para utilizar bien los recursos hídricos.

¿Qué se debe hacer ante esta situación?

Más del 90% de los incendios son de culpa humana y por negligencia. También hay personas que lo hacen de forma intencional por algún tema político, entonces esto va a continuar en el futuro. Hay que hacer una reingeniería para combatir los siniestros, porque de aquí al 2025 esto no se va a detener. Hay que ver qué puede pasar con alguna región, como Valparaíso, que tiene alta escasez hídrica, porque si presenta alguna emergencia, el agua no estará.

¿Qué organismo debiera abordar este desafío?

Con el nuevo gobierno se habla mucho de que los ministros claves serán el del Interior y el de Hacienda, pero yo creo que el de Agricultura y el de Obras Públicas también serán muy relevantes para la situación hídrica extrema que va a vivir el país desde 2022 al 2023. Hay que pensar que el país no vive solo de la ciencia y el orden público, también de la agricultura, la forestación y los recursos hídricos, que están a cargo del Ministerio de Obras Públicas. ¿Cómo se va a repartir en tanta población y tanta tragedia de incendios forestales un recurso escaso? Hay que hacer una reingeniería y no seguir con los sistemas que son del siglo pasado.